El arte de soltar: una reflexión sobre el apego en la práctica del yoga
Mente

El arte de soltar: una reflexión sobre el apego en la práctica del yoga

María Camila Giraldo

María Camila Giraldo

10 de mayo de 2026·7 min

Hay un momento en la práctica del yoga — quizás lo conozcas — en el que el cuerpo quiere soltar pero la mente se aferra. Un estiramiento que duele justo lo suficiente como para querer escapar. Una postura que te confronta con tu propio límite. Y ahí, en ese espacio incómodo entre lo que eres y lo que quisieras ser, aparece la pregunta más honesta: ¿puedes soltar?

El apego como hábito invisible

Vivimos en una cultura que celebra el aferrarse. Nos enseñan a retener: relaciones, expectativas, identidades, logros. El yoga, en cambio, nos invita a practicar el desapego — no como indiferencia, sino como una forma radical de presencia.

En sánscrito, el concepto se llama vairagya: la capacidad de estar en el mundo sin depender del resultado. No es dejar de sentir, es dejar de necesitar que todo sea como queremos.

Soltar no es abandonar. Es dejar de cargar lo que ya no te pertenece.

La práctica como espejo

Cada vez que llegas al mat, traes contigo tus patrones. La forma en que enfrentas una postura difícil suele ser la forma en que enfrentas un conflicto. La forma en que respiras bajo presión en el mat refleja cómo respiras bajo presión en la vida.

Por eso el yoga no es solo ejercicio. Es un laboratorio de autoconocimiento. Cada sesión es una oportunidad para observar tus reacciones, tus resistencias, tus miedos. Y poco a poco, con compasión, aprender a soltar.

Tres preguntas para la reflexión

  • ¿Qué estoy reteniendo que ya no me sirve?
  • ¿A qué expectativa me estoy aferrando en mi práctica?
  • ¿Cómo sería mi vida si pudiera soltar con la misma naturalidad con la que exhalo?

Soltar como acto de valentía

Nos han hecho creer que soltar es debilidad. Que quien suelta, pierde. Pero quien ha practicado lo sabe: se necesita más fuerza para abrir las manos que para cerrar los puños.

El desapego no es resignación. Es elegir conscientemente qué merece tu energía. Es reconocer que hay cosas que simplemente no puedes controlar — y que en ese reconocimiento, hay libertad.

La verdadera fortaleza no está en sostener. Está en confiar en lo que aparece cuando sueltas.

La próxima vez que estés en el mat y sientas esa tensión, esa voz que dice "no puedo", respira. No intentes cambiar nada. Solo observa. Y pregúntate: ¿qué pasaría si dejo de luchar contra este momento?

A veces, la respuesta más transformadora no es un esfuerzo. Es una rendición consciente.

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